Consejos para tranquilizar a alguien en un avión

Para mucha gente subirse a un avión significa estar en el mismísimo infierno, pues le temen a las alturas, o tienen miedo a que la aeronave sufra algún accidente y mueran, entre muchas otras razones, por lo que se ponen tensas en el mejor de los casos y en el peor, sufren crisis incontrolables. Por eso su primera opción siempre será viajar en automóvil, tren o cualquier transporte que vaya por tierra. Sin embargo, si deben cruzar el océano, la mejor opción es el avión, por eso te voy a dar algunos consejos para que ayudes a este tipo de personas, que como yo, sufren de pánico a la hora de estar en un avión.

Lo siguiente que te voy a contar son cosas que hacían las personas que me acompañaban en mi viaje, pues yo no tenía la capacidad para controlarme por mí mismo, así que necesitaba de ayuda para calmar mis nervios. He viajado unas cinco veces en avión en distintas etapas de mi vida, para mí es un castigo de mis padres, pero según ellos es para que supere mi miedo. Realicé dos viajes cuando era pequeño, en el primero me tuvieron que dar unas pastillas para dormir, pero en el segundo implementaron una nueva técnica. En cuanto abordamos el avión y durante el despeje, mis padres me colocaron audífonos y un visor para dormir. Yo sólo escuchaba música clásica y lo único que veía era negro. Para mi sorpresa, logré tranquilizarme y sólo apretaba los puños cuando había turbulencias fuertes.

Pero crecí, y en la adolescencia seguía poniendo más nervioso y la música ya no me calmaba, así que mis padres optaron por comprarme videojuegos portátiles y los jugaba por todo el tiempo que duraba el vuelo, pero de igual forma esto no me tranquilizó por toda mi vida. Los últimos vuelos, los cuales se dieron cuando tenía 20 y 25 años. En el penútlimo sufrí una pequeña crisis debido a que el avión sufrió turbulencias de alto calibre, comencé a llorar y a temblar, por lo que mis amigos, que era con quienes viajaba, se asustaron, pero uno de ellos me abrazó con tal fuerza que no sentía ya las turbulencias, comenzó a contar chistes cuando notó que dejaba de temblar poco a poco y sin darme cuenta me empecé a reír, y así siguió por el resto del trayecto, platicando y platicando para que mi mente no se fijara en lo que estaba sucediendo.

Ya en el último viaje traté de ser yo quien pusiera en práctica lo aprendido, incluso fui yo el que buscó ‘vuelos Interjet’ en Google para encontrar algún paquete vacacional e irme con mi familia, así que llevé música que me relajaba en mi celular, la cual iba a escuchar cuando nos permitieran volver a encender los celulares, incluso descargué un par de capítulos de mi serie favorita en Netflix. A la hora de despegar, lo que hacía era evitar la ventana y voltearme a platicar con alguno de mis acompañantes, de cosas que de preferencia me hicieran reír, así que hacía algunas imitaciones que me gustaban y podía iniciar el despegue sin pensar en mi miedo a volar.