Todos quieren ser como Fernandito, menos él

Cuando escuchas Fernandito quizá pienses en un niño regordete al que te gustaría pellizcarle las mejillas, pero no, voy a eliminar esa imagen de tu pensamiento. Mi amigo Fernando es un hombre de 25 años, con un corazón tan grande que le ha servido para aguantar un sinfín de caídas en su vida amorosa. Es como si una nube negra estuviera siempre sobre él alejándole a las mujeres o acercándolas sólo para que los manden derechito y sin escalas a la friendzone, de donde nunca ha logrado salir. Tiene tanta mala suerte en el amor que a veces siento pena por él, incluso le he dicho que ya no lo busque, que ya no se lastime, si hay alguien en esta vida para él, pues que la deje llegar en su momento.

Mi mejor amigo se ganó el sobrenombre de Fernandito pues es como la mayoría de las chicas que conoce lo llaman, ya que es muy lindo y todas los quieren como su amigo y nada más. Siempre pasa. Para tratar de sacarlo de su zona de confort, hace unos cinco años, cuando ambos teníamos 20, compramos dos boletos en unos vuelos baratos y nos fuimos rumbo a Cancún, donde sin lugar a dudas conseguiría a una mujer, extranjera o compatriota, pero estaba seguro que anotaría un home run. Pero la vida le tenía preparada una sorpresa mayúscula. Le daría un ‘don’ que muchos quisieran robarle.

Mi predicción estuvo muy lejos de ser acertada. En lugar de ir a cazar gringas, canadienses, francesas o lo que fuera, se enamoró de una joven de nuestra querida Ciudad de México que iba de vacaciones y se la pasaron juntos todo el fin de semana. Me decía que ella era la mujer de su vida, que lo sentía. No quise romperle el corazón de que al terminar las vacaciones toda esa nube de hormonas se desvanecería y no quedaría nada. Así que no dije nada. En nuestra última noche en Cancún sucedió la tragedia. Fernando y su conquista estaban bebiendo solos en la alberca completamente vacía y éste sufrió una caída en la se golpeó la cabeza y quedó inconsciente dentro del agua, ahogándose. La chica con la que estaba tardó en darse cuenta pues había ido al baño y a conseguir más bebidas. Cuando la ayuda llegó ya era demasiado tarde, el daño ya estaba hecho, aunque lograron salvarle la vida.

Fernandito sufrió graves lesiones en el cerebro que le detectaron después de que salió del coma, su memoria estaba deteriorada, a veces olvidaba lo que hacía o a personas que ya conocía, pero lo peor fue que su cerebro ya no reconocía las emociones. No recuerdo el nombre de esta enfermedad, pero era incapaz de sentir felicidad, tristeza, empatía, soledad, etc. Para muchas sería un sueño jamás sufrir y todos querían tener esos ‘súper poderes’, pero imagínense alguien que su mayor objetivo en la vida era enamorarse, vivir un amor real. Ya no podrá hacerlo, nunca sabe si está enamorado o no, siempre es serio. Reconoce a una mujer guapa, pero su corazón ya no se acelera y su cerebro ya no le hace pensar que es la chica de sus sueños. ¿Y tú, quieres ser como Fernandito?